Instructivo
para no olvidar



   cargando imagen 
 

Por si te olvidás...
me puse a ordenar
mis cosas, mis muebles,
para que conserven
la imagen de siempre
en los ceniceros,
adornos, papeles.
Me dio por dejarte
algún instructivo,
para que no pierdas
el tiempo, buscando,
cuando me decida
que ya no hay salida
para no dar guerra
en mi canturrear.
Quiero que recuerdes,
que tengas presente
esta voluntad.
 
Espero que al alba
no busques mis ojos.
Con sólo asomarte
allá, en la ventana,
verás que en mis flores
dejé una semilla.
Llevala a tu casa
para que germine
cada aniversario,
con la primavera
alcen en mi nombre
una copa nueva.
Y si alguna noche
despertás desierto,
abrazá a la almohada
que dejé mis besos,
para que en vigilia
te cuiden el sueño.
 
Tomá de mi vaso,
usá mis cubiertos,
son tuyas mis notas,
mi boca, mis versos.
Este autografiado
dáselo a tus hijos,
que en estas estrofas
encuentren mi voz
donde está metido
cada sentimiento.
Buscá en los espejos,
revolvé en cajones,
escuchá mis discos,
metete en rincones,
abrí aquella caja
que huele a lavanda
donde están retazos
de absurdos amores.
 
Fijate en mi diario
y ordená por fechas,
que nunca lo hice
por falta de tiempo.
Guardate el video
que me regalaron
aquel cumpleaños
y el de graduación.
Repartí estampillas,
monedas antiguas,
todas mis hebillas.
Hay cien capicúas
que ya son reliquia.
Cuidá que mis libros
los guarden aquellos
que sientan mis manos,
donde la presbicia
nació en sus palabras.
 
Tal vez, una nota
me olvide escondida
junto a tanta música
que hay en la repisa,
esa que hace tiempo
papá me arregló.
Y cuando les hables
sobre mi, no mientas,
que los chicos sepan
que fui protestona,
la piedra en zapatos,
la eterna rebelde,
viciosa,  burlona,
que al cielo ignoró.
Siendo tía de muchos,
compartió su vida
entre sus afectos
humildes, sencillos.
 
Contales que siempre
me llamaste loca,
transgresora innata,
dormida en quimeras.
Que en tanto idealismo
perdió mil victorias,
defendiendo ideas
contra la injusticia.
Que no me gustaban
los juegos con armas
ni los soldaditos.
Sin mucho reparo,
relatá mi vida,
no me desfigures.
No quiero que ellos
se inventen razones,
que no me retoquen
ni me hagan más bella.
 
Que conozcan todo,
hablales sin miedo,
no quiero dejarles
engaños piadosos.
Vos sabrás la forma
de no defraudarme,
no recortes partes
ni extirpes historias,
mostrales verdades.
Deciles que siempre
fui una apasionada
desde que jugaba
con vos, en el patio.
Que era mala alumna
y crecí en un barrio
soñando en la hamaca,
suspirando
notas
cantando nostalgias.
 
Que bajo una parra
armé mi ventana,
por donde escapar
para liberarme.
Que soldé corazas
para no caerme,
que dejé cautivas
mis hadas de infancia.
Que fui solitaria
junto a mis silencios,
que mi adolescencia
tuve que inventarla.
Que amé con locura
donde dejé el alma.
Que quise ... y no pude.
Que a veces la vida
rompió en cristalitos
mi entraña y futuro.
 
Que ellos han colmado
desde chiquititos,
con amor, mis huecos
bordando sus nombres
al pintarme un sol.
Y si te olvidaste
como era mi risa,
revisá en el mueble
aquel, de la esquina,
buscá entre montones
de fotos, que dejo
con cada recuerdo
de buenos momentos.
Mostrales mi enfado,
señalá a mis muertos,
subrayales siempre
que nunca he sentido
arrepentimiento.
 
Que me he dado el lujo
de haber elegido,
más no he resignado
mi orgullo, valores,
que siempre que quise
luché en defenderlos,
que muchos jirones
dejé en desamores.
Que cuando camino
siempre dejo estelas,
que sepan de mi
como una aprendiz
de pelear la vida
a través de trazos.
Deciles que narro
los mejores cuentos
con los que durmieron
aquí, entre mis brazos.
 
Que odié las mentiras
aunque ellas hirieran,
de allí va mi mote
de salvaje torpe
al hablar de más
sin medir efectos.
No quiero prudencia
ni tino ni juicios,
no olvides detalles
de cada defecto,
que ellos puedan verme
con mi humanidad
y en la madurez
les puedan contar
a todos los nietos
sobre esta mujer,
que seguramente
ni recordarán.
 
Que a veces, atados
me quedan abrazos.
Que no me enseñaron
y que fui feliz.
El cuerpo cansado
y el cuore dolido,
piden un respiro.
Pero no imagines
que voy a aflojar.
Esta es una excusa
por dejarte un verso
para que no olvides
que siempre es igual.
Soy la precavida,
la rompepaciencia,
que deja asentado,
todo organizado
con pelo y señal.
 
No quiero que alguno
se meta en mis cosas
sin que yo decida.
No esperes que cambie,
quizás sean los genes.
Sobre mi persona
no quiero elecciones.
Juntá mis cenizas,
rociá en mis tres suelos.
No quiero herejías.
Por eso te pido
que leas mis manos
que han sido las cuerdas
de mi voz ahogada.
Que tengas presente
siempre, que los amo,
son motor, mi fuente
para continuar.
 
Pero no te olvides...
lo firma tu hermana.

 
© Silsh
(Silvia Spinazzola)
-Argentina-

 

Atrás
VolverPoemas
Siguiente